Ocho años después, he regresado con la intención de contemplarlo de nuevo, de hacer algunas fotografías y de elevar unos minutos el dron sobre la sierra. Pocas imágenes bastan para comprender la excepcional situación del monasterio: una construcción histórica encaramada en el techo de la provincia de Badajoz.
La leyenda que dio nombre
Para comprender el origen de esta tradición hay que situarse en la primera mitad del siglo XIII, cuando estas sierras constituían una zona de avance y disputa entre los territorios cristianos y musulmanes. La Orden de Santiago, dirigida por su maestre Pelay Pérez Correa, tuvo un papel decisivo en la incorporación de esta comarca al dominio castellano-leonés, dentro de las campañas que, tras la conquista de diversas fortalezas de Sierra Morena, culminarían con la toma de Sevilla en 1248.
En ese contexto fronterizo se sitúa el episodio de Tudía, ligado por la tradición a un enfrentamiento entre las tropas cristianas y musulmanas. No conocemos con absoluta certeza todos los detalles históricos del combate ni su fecha exacta, pero la memoria santiaguista lo vinculó desde antiguo al maestre Pelay Pérez Correa y a la conquista de estas tierras.
Cuenta la leyenda que, cuando el día declinaba y la noche amenazaba con interrumpir el combate, el maestre pidió auxilio a la Virgen con una invocación que ha quedado unida para siempre a este lugar: «Santa María, detén tu día».
El milagro, según la tradición, permitió prolongar la luz hasta alcanzar la victoria. Como agradecimiento, Pelay Pérez Correa habría mandado levantar en aquella cumbre un santuario dedicado a Santa María de Tudía, nombre que con el paso del tiempo derivaría en Tentudía.
Más allá de la literalidad del relato, la leyenda conserva una enorme fuerza simbólica. Une la conquista cristiana de estas sierras, la presencia de la Orden de Santiago, la devoción mariana y el propio nombre del lugar. Así, Tentudía no es sólo una cumbre y un monasterio: es también un paisaje convertido en memoria, donde todavía parece resonar aquella antigua súplica de detener el día.
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| El Milagro de Tentudía según Eduardo Acosta |
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| El Milagro de Tentudia según el Maestro de Lourinha |
Un monasterio con mucha historia
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| Verja plateresca mandada hacer en 1640 |
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| Altar Mayor |
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| Retablo de azulejos del altar mayor realizado en 1518 por Niculoso Francisco Pisano |
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| Capilla de Santiago |
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| Capilla de los Maestres, retablo de San Agustín |
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| Sepulcros de los Maestres Gonzalo Mejia y Fernando Ozores, y a la derecha sepulcro de García Hernández, camarero del rey Enrique |
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| Claustro Mudéjar, planta baja |
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| Claustro Mudéjar, planta alba |
La vista hacia Sevilla: En los días claros, desde la cumbre de Tentudía se contempla una amplísima panorámica hacia el sur. Más allá de las sierras y campiñas andaluzas, se distingue Sevilla en la distancia, un horizonte que cuesta imaginar desde abajo. La altitud de esta cumbre —más de 1.100 metros— y la limpieza de la atmósfera permiten que la mirada alcance, en determinadas jornadas, una profundidad extraordinaria. Desde Tentudía se divisan también numerosos pueblos de las provincias de Badajoz, Huelva y Sevilla.
Al caer la noche, la ciudad resulta todavía más reconocible por el resplandor de sus luces. Ese reflejo luminoso sobre el horizonte meridional confirma hasta qué punto la vista desde Tentudía se abre hacia la gran llanura sevillana.
La torre solar de Sanlúcar la Mayor: Entre los puntos que pueden llamar la atención en esa dirección aparece, cuando las condiciones de luz son favorables, un destello especialmente intenso. Durante mucho tiempo pudo resultar difícil identificarlo, pero puede confirmarse que corresponde a una de las torres solares del complejo termosolar de Sanlúcar la Mayor, en la provincia de Sevilla.
Desde esta cumbre sólo se distingue una de las dos torres del complejo, aunque no resulta posible determinar con seguridad si se trata de la PS10 o de la PS20. Ambas instalaciones se encuentran muy próximas entre sí y emplean campos de heliostatos —grandes espejos orientables— que reflejan la radiación solar hacia el receptor situado en lo alto de cada torre. Esa concentración de luz explica que pueda percibirse como un brillante punto blanco desde lugares tan lejanos como Tentudía, a unos 75 kilómetros en línea recta.
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| Al fondo destello de una torre solar de Sanlúcar la Mayor |
Desde Tentudía no se ve el mar: Hay, sin embargo, una afirmación que conviene matizar. Se oye decir con frecuencia que desde Tentudía puede verse el mar. No es cierto. La altitud, la claridad atmosférica y la inmensidad del horizonte pueden llevar a pensar que la mirada alcanza el Atlántico, pero entre la cumbre y la costa se interponen sierras, relieves y una distancia que impiden esa visión. Desde Tentudía se ve muy lejos; pero el mar no llega a verse.
Volver a Tentudía es volver a un lugar que siempre ofrece una mirada diferente. Está la leyenda del día detenido, está la memoria de la Orden de Santiago, está el retablo cerámico que cumple ya más de cinco siglos y está el claustro mudéjar, silencioso y recogido. Pero está también la cumbre, el aire limpio de la sierra y un horizonte que enlaza Extremadura con Huelva, Sevilla y Andalucía.






































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