La piedra siempre nos transmite una falsa sensación de inmovilidad, silencio y eternidad; tendemos a pensar en la roca como algo estático. Y, sin embargo, es el archivo más dinámico y cambiante que posee la Tierra. La verdadera paradoja es que el tiempo —ese agente que todo lo destruye, borra y desgasta— es el mismo que se ha encargado de encuadernar las páginas de la historia de nuestro planeta sobre la dura superficie de los minerales.
Releyendo los estratos de nuestra región, me vino a la memoria otro capítulo imprescindible de este libro: la Sierra de Cabrera y la cuenca carbonífera de Los Santos de Maimona. Resulta fascinante comprobar cómo, al cruzar Extremadura, no solo viajamos en la geografía, sino que ojeamos páginas separadas por cientos de millones de años. Si en Monfragüe y Penha Garcia leemos los capítulos de un mar frío del Ordovícico (hace unos 485 millones de años), en la Sierra de Cabrera saltamos hacia un escenario completamente distinto: un mar tropical del Carbonífero (hace unos 350 millones de años).
Un viaje de 135 millones de años y miles de kilómetros
A primera vista, ambos parajes comparten el protagonismo de las rocas y el valor de sus yacimientos paleontológicos, pero cuentan historias muy diferentes:
Monfragüe y Penha Garcia (Zona Centroibérica): En aquel lejano Ordovícico Inferior, lo que hoy es nuestra tierra se encontraba cerca del Polo Sur. Era un fondo marino sombrío y helado, donde las corrientes acumularon grandes depósitos de arena que más tarde la orogenia convirtió en la durísima Cuarcita Armoricana. Allí no había corales ni peces complejos, sino trilobites que dejaban sus trazas grabadas en la piedra.
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Salto del Gitano - Monfragüe |
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| Portilla del Tiétar - Monfragüe |
| Penha Garcia (Portugal) |
| Icnofósil de tipo Cruziana (huellas o pista de actividad de trilobites) grabados en una roca de cuarciita em Penha Garcia |
Los Santos de Maimona y la Sierra de Cabrera (Zona de Ossa Morena): Saltando 135 millones de años hacia adelante en la historia del planeta, la deriva continental desplazó esta masa terrestre hasta situarla cerca del Ecuador. El mar helado dio paso a un mar tropical cálido y lleno de vida, donde proliferaron arrecifes de corales coloniales (Siphonodendron), braquiópodos gigantes (Gigantoproductus), e incluso tiburones primitivos cuyos dientes aún afloran en el Cerro de Los Santos.
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| Sierra de Cabrera - Los Santos de Maimona |
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| Fósiles - Sierra de Cabrera (Los Santos de Maimona) |
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| Fósil de coral colonial (probable coral rugoso o Siphonodendron / Lithostrotion) incrustado en una roca caliza - Sierra de Cabrera (Los Santos de Maimona) |
Es un contraste maravilloso: pasar de las crestas cuarcíticas esculpidas por el Tajo y el Tiétar a las calizas y pizarras cargadas de vida arrecifal y depósitos de carbón en el sur de Badajoz.
Releer aquel artículo sobre la Sierra de Cabrera (ver aquí) y ponerlo en perspectiva con lo vivido en Monfragüe y Penha Garcia me recuerda la suerte que tenemos en nuestra región. En apenas unas horas de carretera podemos viajar desde los mares polares del Ordovícico hasta las aguas tropicales del Carbonífero, leyendo capítulo a capítulo el inmenso libro de piedra que tenemos bajo los pies.










































