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martes, 7 de julio de 2026

Un doble Jubileo en la iglesia del Convento de Santo António de Campo Maior (Portugal)

El patrimonio de nuestra Raia tiene la capacidad de tejer historias invisibles que conectan siglos de devoción, arte, avatares bélicos y transformaciones. Un ejemplo perfecto de este cruce de caminos es la iglesia del Convento de Santo António en Campo Maior (Portugal), un espacio que este año 2026 se convierte en el epicentro de una vibrante coincidencia histórica y espiritual. Aprovechando una reciente visita el pasado 21 de mayo en la que pude recorrer su templo, hoy os invito a cruzar su umbral a la luz de la historia y de un doble Año Jubilar.


Vista frontal de la iglesia donde conviven la lona del Año Jubilar de Sta.
 Beatriz a la  izquierda y el anexo con remates barrocos a la derecha.


1. El origen: Siglos de piedras franciscanas y avatares de la frontera

Aunque la fisonomía del edificio actual nos lleva al barroco, la presencia de la orden en la villa es mucho más antigua. Según los datos oficiales del registro de monumentos de Portugal, la fundación original se remonta a 1493 de la mano de los frailes Jorge de Paiva y Amador da Silva. Aquel primer asentamiento (y una posterior ampliación en 1514) tuvo un final abrupto y muy ligado a la historia militar de la Raia: en 1645 la comunidad tuvo que ser reubicada y el viejo convento fue demolido por completo para poder ampliar las fortificaciones defensivas del castillo de Campo Maior.

No sería hasta 1685 cuando se inició la construcción del complejo actual en su nueva ubicación. Los frailes se instalaron en 1709, pero los trabajos se prolongaron en el tiempo: la magnífica iglesia barroca que contemplamos hoy se finalizó concretamente en 1732 —fecha inscrita en su pórtico principal— y el claustro anexo se terminaría en 1738 bajo la dirección de José Francisco de Abreu.


En lo alto del piñón de la fachada principal, una hornacina acristalada custodia la imagen de San Antonio con el Niño Jesús, el santo titular que da nombre al complejo desde su fundación.

Esta profunda raíz franciscana, que sobrevivió a demoliciones y guerras hasta la exclaustración de 1834, cobra hoy un sentido especial. El mundo conmemora el Año Jubilar Franciscano, al cumplirse el 800.º aniversario de la muerte de San Francisco de Asís (1226-2026). Es imposible contemplar la fachada del anexo y no evocar aquel espíritu original al ver su relieve.


El frontón barroco de la fachada anexa, rematado por el relieve de los dos brazos cruzados ante la cruz, símbolo indiscutible de la orden franciscana que nos recuerda las fechas de su larga cronología

2. El renacer: El viaje de vuelta desde España

Tras más de un siglo de abandono y ruina, el convento vivió una segunda oportunidad histórica con un fuerte acento transfronterizo. En 1942, a petición del Arzobispo de Évora, cinco monjas concepcionistas españolas procedentes del Monasterio de la Concepción de Villafranca del Bierzo (León) cruzaron la frontera para instalarse en el degradado edificio, adquirido por la diócesis.

Entre 1942 y 1968 se llevó a cabo una profunda reconstrucción que adaptó todo el interior a la vida de clausura. Desde entonces, la iglesia restaurada se convirtió en el nexo entre el pueblo y el silencio contemplativo de estas religiosas, dedicado al culto de la Inmaculada Concepción de María.

Una feliz coincidencia en el templo El destino ha querido que, en este mismo periodo donde recordamos el legado de San Francisco, la iglesia de Campo Maior se vista de gala para celebrar el Ano Jubilar de Santa Beatriz da Silva. La gran lona azul y blanca en su fachada nos recibe anunciando dos hitos fundamentales para la orden y para la villa:

  • El 100.º Aniversário de su Beatificación.

  • El 50.º Aniversário de su Canonización. 

 


3. Santa Beatriz: Justicia histórica en su tierra natal

No podemos olvidar que Santa Beatriz da Silva nació precisamente aquí, en Campo Maior. Aunque su gran obra y la fundación de la Ordem da Imaculada Conceição florecieron en el Toledo del siglo XV, la llegada de aquellas cinco monjas leonesas en 1942 supuso, en el fondo, el regreso de su legado espiritual a su mismísima cuna de nacimiento.

Resulta hermoso comprobar cómo la iglesia del convento abraza de manera tan armoniosa ambas sensibilidades: la herencia de los frailes franciscanos que levantaron sus altares en 1732 y la oración callada de las hermanas concepcionistas que hoy custodian la memoria y el jubileo de su santa paisana.


Santa Beatriz da Silva

Mi recorrido fotográfico por la iglesia

Al traspasar las puertas del templo, el bullicio exterior desaparece. El interior de la iglesia de Santo António es un reflejo de esa devoción serena. 

Un doble centenario, ochocientos años de un legado universal, y un templo que ha sabido resurgir de sus cenizas a base de fe y patrimonio. Merece la pena acercarse a Campo Maior, levantar la vista hacia su pórtico barroco y dejarse contagiar por la historia viva de este rincón jubilar. 






Santa Beatriz da Silva













Para más información

https://concepcionistascampomaior.com/

http://www.monumentos.gov.pt/Site/APP_PagesUser/SIPA.aspx?id=20711

https://www.vaticannews.va/es_Año jubilar Franciscano

sábado, 4 de julio de 2026

El árbol de los Jesuitas de Elvas / A Árvore da Companhia

Secretos de la Iglesia del Salvador (Igreja do Salvador) y su pasado jesuita

A la monumental y vecina ciudad fortificada de Elvas (Portugal) voy frecuentemente. Es uno de esos destinos a los que uno recurre una y otra vez, y su Igreja do Salvador es un templo que he visitado en numerosas ocasiones a lo largo de los años. Sin embargo, el patrimonio tiene la maravillosa capacidad de ocultarse a plena vista; no fue hasta el pasado 30 de junio cuando, al elevar la mirada con más atención de la cuenta, me fijé verdaderamente en un detalle asombroso que hasta entonces me había pasado desapercibido.

Destacando sobre la sobriedad blanca de la bóveda de cañón y coronando toda la perspectiva central de la nave, emerge una espectacular pintura mural en forma semicircular: el llamado Árbol de la Compañía (o Árbol de los Jesuitas). Una obra que, tras su aparente serenidad botánica, esconde un sofisticado manifiesto propagandístico y espiritual del siglo XVII.


Iglesia del Salvador / antiguo Colegio Jesuita

¿Iglesia del Salvador o Antiguo Colegio Jesuita? Desvelando la Ubicación

Existe una frecuente y comprensible confusión en las guías y artículos sobre dónde se localiza exactamente esta pintura. ¿Está en la Iglesia del Salvador o en el Antiguo Colegio de la Compañía de Jesús? La respuesta es tan sencilla como sugerente: en ambos, porque forman parte del mismo conjunto arquitectónico.

Originalmente, este espacio albergaba la vieja ermita medieval de Santiago, fundada en 1282 para la protección de los peregrinos. En 1659, el rey Alfonso VI formalizó la donación de este estratégico enclave a los religiosos jesuíticos (cumpliendo la última voluntad que D. Aldonça da Mota había dejado en su testamento en 1599) para que levantaran allí el Colegio de Santiago de Elvas. Siguiendo las trazas diseñadas por el padre Bartolomeu Duarte, la majestuosa iglesia del complejo se inauguró solemnemente el 17 de agosto de 1692, aunque las obras del edificio del colegio se alargaron tanto que en 1718 aún continuaban.

Con la traumática expulsión de los jesuitas en 1759, el complejo se convirtió primero en sede del Seminario Episcopal. Con el paso de los siglos, sus muros albergaron la práctica totalidad de la historia educativa de la ciudad: desde la Escuela Primaria Superior Dr. Santa Clara hasta el Liceo, pasando por el Colegio Elvense, hasta convertirse en 1880 en la actual Biblioteca Municipal de Elvas.

El espejo de Olivenza: Linaje de sangre frente a linaje de fe

Para quienes nos apasiona el patrimonio de la Raya, es inevitable que al ver esta composición nos venga a la mente otro árbol famosísimo y cercano: el espectacular Árbol de Jessé de la Iglesia de Santa María del Castillo en Olivenza. Sin embargo, aunque compartan esa hipnótica estructura vegetal que se ramifica hacia el techo, sus significados teológicos representan dos mundos radicalmente opuestos.

El Árbol de Olivenza ilustra un linaje de sangre (biológico). Brota del pecho de Jessé para mostrar la genealogía humana y terrenal de Jesucristo, uniendo dinásticamente a los reyes de Judá hasta culminar en la Virgen y el Niño. Es una herencia de carne, profecía y heráldica.


Árbol de Jessé en la Iglesia de Santa María del Castillo - Olivenza


Por el contrario, el Árbol de los Jesuitas de Elvas representa un linaje de fe (espiritual). Aquí no importan los lazos de sangre. Lo que el mural dibuja es la expansión global y el florecimiento de una orden religiosa. Sus frutos no son herederos de un trono, sino las almas de los santos, misioneros y eruditos que decidieron integrarse voluntariamente en la "familia" espiritual fundada por San Ignacio de Loyola.


A Árvore da Companhia - Elvas

Santiago en el Centro del Universo Jesuita

El diseño del mural dialoga de forma magistral con el pasado del propio solar. En el centro exacto de la composición, interrumpiendo de forma deliberada el follaje del gran árbol pictórico, se abre una hornacina o nicho arquitectónico resuelto mediante un elegante trampantojo barroco. Presidiendo este espacio central se encuentra esculpida la efigie de Santiago Mayor.

Colocar al santo apóstol en el corazón de la pintura fue la sublime manera en que los jesuitas honraron el pasado medieval del terreno y respetaron el patronazgo original de la fundación real. Sobre el nicho, un sol resplandeciente despliega el monograma IHS, el sello universal de la orden, dejando claro que toda la historia de la Compañía brota y se cobija bajo el mismo emblema.


A Árvore da Companhia - Elvas

Una Lección de Teología en Cada Rama

Si agudizamos la vista hacia los medallones y corolas florales de las que emergen los bustos de los jesuitas, descubriremos que cada personaje porta consigo sus propios atributos iconográficos, concebidos originalmente como una lección visual interactiva para los fieles y alumnos de la época:

  • Los Portadores de Cruces: Son las ramas más numerosas. Representan a los innumerables mártires de la Compañía que, movidos por su fortísima vocación misionera, perdieron la vida evangelizando en los confines de Asia, América y África. Sostener la cruz contra el pecho simboliza el sacrificio supremo de la fe.

  • El Niño en Brazos: Una de las figuras más singulares del conjunto (situada a la izquierda del nicho central) sostiene tiernamente al Niño Jesús. Se trata de una representación iconográfica ligada habitualmente a San Estanislao de Kostka, aludiendo a la célebre visión mística en la que la Virgen María depositó al Niño en sus brazos durante una grave enfermedad.

  • Plumas y Libros Abiertos: Corresponden a los grandes teólogos, científicos y pensadores de la orden. En un entorno eminentemente educativo como lo era este colegio, ensalzar el rigor intelectual y la producción académica era vital para inspirar a los estudiantes.

  • Manos en Oración: Situadas en la parte superior, más cerca del emblema sagrado, representan la vida contemplativa e intercesora de los santos ya consagrados de la orden, como San Ignacio de Loyola o San Francisco de Borja.

A pesar de los embates del tiempo y de las evidentes cicatrices de humedad que marcan la piedra del templo en la parte derecha del muro, la vivacidad de los pigmentos y la legibilidad de este gran árbol espiritual siguen resistiendo con una dignidad asombrosa.

Otras imágenes de la Iglesia y fachada Biblioteca

Fachada Iglesia

Fachada Biblioteca Municipal, parte del antiguo colegio de los Jesuitas

Interior de la Iglesia

Altar Mayor










Niño Jesús de Praga


La próxima vez que tus pasos te lleven a la imponente plaza de Elvas, cruza el umbral de la Iglesia del Salvador. Detente ante el arco triunfal, eleva la mirada y tómate unos minutos para leer este fascinante libro de historia pintado sobre el muro. Te aseguro que la experiencia vale la pena.

viernes, 3 de julio de 2026

La última lección de una maestra: En el 35.º aniversario de la muerte de Doña Antonia Cerrato Sánchez

Hay huellas que el tiempo, lejos de borrar, se encarga de fijar con la fuerza de la gratitud y la memoria compartida. El pasado mes de mayo se cumplió el 35.º aniversario del fallecimiento de Doña Antonia Cerrato Sánchez, una maestra de las de antes, cuya vida entera fue un testimonio de entrega incondicional a la enseñanza y al pueblo que la acogió como suya: Bodonal de la Sierra.


Dª Antonia Cerrato, regando su huerto
Foto gentileza de M. Pili Rebollo Alvarez de Luna


Para quienes tuvimos la inmensa fortuna de conocerla personalmente, su recuerdo evoca inmediatamente la viva imagen del magisterio vocacional. Sin embargo, más allá de las vivencias particulares, la dimensión de su legado quedó bellamente retratada en las páginas de la prensa de la época. Tomando como base la emotiva crónica que el corresponsal Francisco García Sánchez publicó en el diario HOY el 24 de mayo de 1991, podemos reconstruir el perfil de una mujer inolvidable y el emocionante lazo que unió a dos pueblos extremeños en su despedida.



Diario HOY 24-5-1991


Un magisterio de casi 51 años en el mismo pupitre

Doña Antonia era natural de la histórica villa de Medellín. Allí, en su localidad natal, le sobrevino la muerte la mañana del domingo 12 de mayo de 1991, cuando se encontraba a las puertas de cumplir los 80 años. No obstante, si Medellín fue la cuna de su infancia y el hogar de sus raíces familiares, Bodonal de la Sierra se convirtió en el escenario absoluto de sus desvelos y de su felicidad profesional.

Casi cincuenta y un años —se dice pronto— permaneció al frente de su querida escuela. Medio siglo gastado día a día en el quehacer diario de las aulas, una constancia pedagógica y un arraigo difíciles de ver hoy en día. En ese rincón de la Sierra Suroeste, Doña Antonia no solo enseñó las letras y los números; cautivó por completo el corazón de los bonalejos a través de una sencillez y una humildad profundas, ganándose el reconocimiento de todo el pueblo al ser nombrada, en un sentido homenaje en vida, Hija Adoptiva de Bodonal de la Sierra.

El último viaje por deseo propio

La crónica de 1991 narra con sobrecogimiento el traslado de sus restos mortales el lunes 13 de mayo. A pesar de ser natural de Medellín, de tener allí enterrados a los suyos y de que su familia aún residía en la villa del Guadiana, Doña Antonia dejó dispuesto un último deseo que reflejaba dónde estaba su corazón: quería descansar eternamente junto al pueblo de sus ilusiones, al lado de las generaciones de alumnos por las que se había inmolado con generosidad maternal.

Aquel día, Medellín y Bodonal se unieron en la fe, el dolor y, por encima de todo, la gratitud. El pueblo de Bodonal en pleno, encabezado por sus autoridades y el cuerpo docente, salió a recibirla. El testimonio de la época describe un silencio impresionante, roto solo por el correr de las lágrimas de los vecinos que la llevaron a hombros hasta el cementerio.

Una cátedra de generosidad en la despedida

La última escena que recoge el artículo de prensa de la época sitúa la acción en la parroquia de Bodonal. Con el féretro destapado en su parte superior, el pueblo entero desfiló ante el cadáver de su maestra en lo que el cronista definió con gran acierto como «la última lección que impartía doña Antonia en el aula magna». Fue la lección del desprendimiento generoso, el broche de oro a una vida dedicada a cubrir tantas necesidades materiales y espirituales de quienes la rodearon.

Treinta y cinco años después de aquel mayo de 1991, quienes recordamos su mirada y su firmeza educadora sabemos que la escuela de Doña Antonia sigue abierta en el recuerdo de cada bonalejo que aprendió con ella. Desde el respeto y el cariño de haberla conocido, sirva este artículo para que su memoria permanezca tan viva como la gratitud de los dos pueblos que tanto la amaron..

lunes, 29 de junio de 2026

Peculiaridades de nuestra habla: El uso de la «ll» en Bodonal

A menudo pensamos que la forma en que hablamos en nuestros pueblos es simplemente una costumbre heredada sin más trascendencia. Sin embargo, la lingüística y la historia nos demuestran que Bodonal de la Sierra es una auténtica "isla" en el mapa de nuestra comunidad.

Para entender la singularidad de nuestra habla, primero debemos aclarar dos conceptos que los lingüistas utilizan para definir cómo pronunciamos la «ll» y la «y»:

  • El Yeísmo: Es el fenómeno más extendido hoy en día. Consiste en pronunciar la «ll» y la «y» exactamente igual, borrando cualquier diferencia entre ellas (por ejemplo, pronunciar vaye en lugar de valle).

  • El Lleísmo: Es justo lo contrario: mantener vivo el sonido original y tradicional de la «ll». Pero ojo, porque aquí los expertos descubrieron que existen dos formas de ser "lleísta":

    1. Lleísmo distinguidor: Es el uso correcto y natural. El hablante diferencia perfectamente una palabra de otra según su letra. Para un bonalejo, palabras que a oídos de otros suenan idénticas, tienen una pronunciación totalmente diferente:

      • No suena igual el pollo (el animal) que el poyo (el banco de piedra o la encimera de la cocina).

      • Se distingue perfectamente el verbo rallar (desmenuzar queso) de rayar (hacer rayas en un papel).

      • O la valla (la cerca del campo) del verbo vaya (del verbo ir).

    2. Lleísmo por ultracorrección: Ocurre cuando, por el empeño de no caer en el yeísmo, se exagera tanto la pronunciación que se acaba metiendo la «ll» en palabras que originalmente llevan «y» (como decir llerno o llerba).

Teniendo claro este mapa, ¿Dónde encaja Bodonal? Viajemos un momento en el tiempo.



La radiografía histórica de 1882

A finales del siglo XIX, los primeros eruditos que se sentaron a estudiar científicamente el habla extremeña —Luis Romero y Espinosa y Matías Ramón Martínez— publicaron en la célebre revista El Folk-Lore Frexnense que en el sur de Badajoz el yeísmo se estaba imponiendo de forma casi generalizada debido a la cercanía con Andalucía. Decir cabayo o Castiya era ya la norma en casi toda la comarca.

Sin embargo, posteriores estudios dialectológicos —como los del filólogo Manuel Hidalgo Caballero— revelaron que Bodonal de la Sierra se convirtió en el gran refugio del lleísmo distinguidor. Mientras a nuestro alrededor la distinción se perdía, los bonalejos mantuvieron intacto de forma natural el sonido genuino de la «ll» donde históricamente correspondía.

El contraste con los vecinos: La ultracorrección

Lo más curioso de nuestra comarca es ver qué pasó en los municipios de alrededor para intentar defenderse de la corriente yeísta. En localidades vecinas como Higuera la Real, Fuente del Maestre o Salvatierra de los Barros, el fenómeno fue radicalmente distinto.

Tanto querían proteger la «ll», que cayeron de lleno en el lleísmo por ultracorrección. Empezaron a colocar la «ll» en palabras que nunca la habían tenido, creando términos tan llamativos que los investigadores de la época dejaron registrado, asombrados, cómo en esos pueblos se decía de forma exagerada llerva, llerno o buelles.

Una curiosidad: La brecha de género y el orgullo bonalejo

Lo más hermoso de este fenómeno es que no fue una simple casualidad. Los estudios sociolingüísticos realizados en los años 70 demostraron que en Bodonal de la Sierra existía un profundo orgullo por su forma de hablar. Los bonalejos tenían plena conciencia de que su pronunciación limpia de la «ll» los diferenciaba del habla de otras localidades de la comarca, defendiéndola como una verdadera seña de identidad.

Además, aquellas investigaciones arrojaron una conclusión muy llamativa sobre la brecha de género en nuestro entorno: el yeísmo entró en la zona principalmente a través de los hombres. El sector masculino adoptaba más rápido la innovación del yeísmo por motivos de movilidad (viajes de trabajo, ferias, comercio y un mayor contacto con el exterior), mientras que fueron mayoritariamente las mujeres las que actuaron como las verdaderas guardianas del habla tradicional. Ellas conservaron la distinción de la «ll» en el ámbito familiar y cotidiano, transmitiéndola pacientemente de generación en generación.

Frente a la exageración de unos y el olvido de otros, el habla tradicional de Bodonal supo mantenerse en el equilibrio perfecto gracias al arraigo de su gente: un tesoro cultural inmaterial que merece la pena recordar, entender y preservar.



Bibliografía / Para saber más:

Hidalgo Caballero, Manuel (1977): «Pervivencia actual de la ll en el suroeste de España». Publicado en la Revista de Filología Española (RFE), vol. LIX, págs. 119-143. (Aporta los datos clave sobre el lleísmo en Bodonal, el orgullo local, la movilidad masculina y el papel protector de las mujeres en la transmisión del habla).

Montero Curiel, Pilar (1998): «La dialectología precientífica en Extremadura». Publicado en el Anuario de Estudios Filológicos, vol. XXI, págs. 257-276. (Aporta el análisis de las raíces históricas de 1882 y las curiosas dinámicas de ultracorrección de los municipios vecinos).

Textos históricos de referencia (1882): Luis Romero y Espinosa («Caracteres prosódicos del lenguaje vulgar frexnense») y Matías Ramón Martínez («Lenguaje vulgar extremeño»), publicados originalmente en las páginas de la emblemática revista El Folk-Lore Frexnense.


El día que Bodonal acudió en ayuda del Plus Ultra (y una coincidencia centenaria)

Viendo las noticias actuales en televisión sobre la compañía aérea Plus Ultra y las idas y venidas de la actualidad, me ha venido a la memoria una entrañable coincidencia histórica que guardo en los archivos de este blog. Y la fecha no puede ser más idónea, ya que precisamente este año conmemoramos el centenario de una curiosa noticia local relacionada con ese mítico nombre.

En abril de 1926 (hace ahora 100 años), el periódico “Correo de la Mañana” publicaba una nota firmada por el interventor de la Diputación Provincial, Diego A. Pacheco, en ella se recogía una suscripción popular iniciada por el diario ABC a favor de los tripulantes del Plus Ultra, en la que figuraba textualmente la aportación de 5 pesetas por el Ayuntamiento de Bodonal de la Sierra.



Correo de la Mañana Badajoz 10-4-1926



Huelga decir que, más allá de la coincidencia del nombre, una cosa no tiene nada que ver con la otra. Lo nuestro no fue un rescate moderno de esos que abren hoy los telediarios, sino un granito de arena para financiar una de las mayores hazañas de la aviación española: el histórico vuelo del hidroavión Plus Ultra de la Aeronáutica Militar, que despegó el 22 de enero de 1926 desde Palos de la Frontera y llegó a Buenos Aires el 10 de febrero de ese mismo año tras una épica travesía por etapas.

Aquella suscripción popular no era para la aeronave, sino directamente para honrar a sus cuatro intrépidos tripulantes: el comandante Ramón Franco, el capitán Julio Ruiz de Alda, el teniente de navío Juan Manuel Durán y el mecánico Pablo Rada.

El motivo detrás de esa aportación de 5 pesetas tiene que ver con un fenómeno muy de la época: la Suscripción Nacional (o popular) que se organizó en toda España inmediatamente después de que el hidroavión alcanzara Buenos Aires con éxito en febrero de 1926.

Al no existir los patrocinios privados modernos ni los presupuestos masivos actuales para este tipo de hitos, el reconocimiento a los héroes nacionales se hacía «a escote» entre todos los ciudadanos e instituciones del país.

Indagando en las actas de la época y en la prensa de ese año, los motivos principales para pedir estas aportaciones eran dos:

1. El baremo oficial para pueblos pequeños

La delegación del Gobierno y las Diputaciones Provinciales abrieron carpetas de suscripción fijando unos baremos máximos y mínimos para que nadie se quedara fuera, pero tampoco se arruinara. Para los ayuntamientos pequeños, el baremo establecido solía ir de las 25 pesetas como máximo a las 5 pesetas como mínimo. Al aportar 5 pesetas, el Ayuntamiento de Bodonal estaba cumpliendo de manera oficial y solidaria con el cupo que le correspondía por su tamaño, dejando constancia de su apoyo en el registro nacional.

2. Medallas de oro y premios en metálico

El dinero recaudado en todo el país no era para el avión en sí (que pertenecía a la Aeronáutica Militar), sino directamente para los cuatro tripulantes (Ramón Franco, Ruiz de Alda, Durán y Rada). Con ese fondo nacional se costearon homenajes, se les encargaron medallas, y el resto se repartió entre ellos en metálico como recompensa por jugarse la vida en una gesta que puso los ojos del mundo sobre España. 


La tripulación del «Plus Ultra» en su histórico viaje. De izquierda a derecha:
el Capitán Julio Ruiz de Alda, el Teniente de Navío Juan Manuel Durán, el
Comandante Ramón Franco y el Cabo Pablo Rada (Foto: Ejército del Aire).


Para recordar la hazaña: Así fue el viaje del Plus Ultra

Para dimensionar bien el valor de aquellos hombres y entender por qué todo un país (incluido nuestro ayuntamiento) se volcó con ellos, conviene recordar cómo fue aquella auténtica epopeya aérea:

Plus Ultra fue el hidroavión de la Aeronáutica Militar española que realizó por primera vez un vuelo entre España y América, despegando el 22 de enero de 1926 frente a La Rábida en Palos de la Frontera (Huelva) con destino Buenos Aires, adonde llegó el 10 de febrero de ese mismo año. El raid del Plus Ultra siguió aproximadamente la ruta tomada en 1922 por los aviadores portugueses Sacadura Cabral y Gago Coutinho, en la primera travesía aérea del Atlántico sur (de Lisboa a Río de Janeiro), para la que necesitaron tres hidroaviones sucesivos, debido a las averías mecánicas.

Los cuatro tripulantes del hidroavión fueron el comandante Ramón Franco, el capitán Julio Ruiz de Alda, el teniente de navío Juan Manuel Durán y el mecánico Pablo Rada, todos ellos españoles.

La primera etapa se inició en Palos de la Frontera (Huelva) en el muelle de la Calzadilla, elevándose el hidroavión frente a La Rábida en la desembocadura del río Tinto y terminó ocho horas más tarde, cuando el hidroavión se posó en el Puerto de la Luz, en la bahía de la ciudad de Las Palmas de Gran Canaria, en isla de Gran Canaria (Islas Canarias).

El día 26, desde la bahía de Gando, en el municipio de Telde (Las Palmas), despegó el Plus Ultra rumbo a Praia, en las Islas de Cabo Verde, final de la segunda etapa, la cual duró nueve horas con cincuenta minutos. En Praia fue necesario reducir al límite la carga del avión, quedando en tierra el alférez de navío Juan Manuel Durán González.

La siguiente etapa debía realizarse, de acuerdo a lo establecido, entre las Islas de Cabo Verde y Pernambuco; sin embargo, los fuertes vientos contrarios hicieron desviar de su ruta al Plus Ultra y lo forzaron a descender en la isla de Fernando de Noronha, lo que no estaba previsto. Al revisar los depósitos de combustible, se comprobó que los mismos estaban casi vacíos, por lo que fue necesario reabastecerlos. En esta etapa, se cubrieron 2.305 km sobre mar abierto. El radiogoniómetro, utilizado por primera vez en este tipo de vuelos, permitió a la aeronave mantenerse en la ruta correcta, sin desviaciones en la etapa más larga del recorrido.

El día 31 se salvaron los 540 km que separan la isla de Fernando de Noronha de la costa de Pernambuco, ya en tierra firme americana. Esta etapa no dejó de tener sus riesgos, pues cuando faltaban más de cien kilómetros, se rompió la hélice posterior y fue preciso arreglarla en pleno vuelo. Esto alargó en más de una hora el tiempo previsto para la travesía.

En Pernambuco la tripulación descansó para realizar reparaciones. El 4 de febrero, el Plus Ultra llegó a Río de Janeiro (Brasil) (2.100 km) en doce horas y quince minutos. El recibimiento tributado a los aviadores fue entusiasta. El día 9, arribaron a Montevideo y al día siguiente, Franco, Ruiz de Alda, Durán y Rada llegaron a Buenos Aires aclamados por la multitud.

La llegada de los aviadores españoles se recordará durante mucho tiempo en Argentina. Fue un hecho trascendente para los países rioplatenses y para España, exaltado como una gran hazaña por los periódicos de todo el mundo.