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martes, 25 de agosto de 2026

Un viaje a Montemolín en el 225.º aniversario del héroe de la Armada: Martín Álvarez Galán

El pasado 25 de julio estuve en la localidad pacense de Montemolín y me acerqué a su casco urbano para contemplar el mural homenaje y el monolito dedicado a Martín Álvarez Galán, situado junto a la ermita de Nuestra Señora de la Granada. Una parada que cobra este año un significado especial al cumplirse el 225.º aniversario de su muerte (1801-2026).


Ermita de Ntra. Sra. de la Granada

Mural homenaje a Martin Álvarez Galán

Escudo de Montemolín

Emblema de la Infantería
de Marina

Mural homenaje a Martin Álvarez Galán


La trayectoria de este granadero de Marina es insólita:

  • De carretero a soldado: Nacido en 1766, creció escuchando los relatos bélicos de su abuelo. Con 14 años plantó cara a la partida del bandolero Bruno con dos piedras en la mano. Tras la muerte de sus padres y el desamor de María Gil, vendió sus enseres y marchó a Sevilla, donde fue persuadido para alistarse en la Marina creyendo enrolarse en los «Dragones del Viento».

  • Bautismo de fuego: Ingresó en 1790 y combatió en San Antioco y San Pedro, además de completar misiones en el Mediterráneo y América a bordo de buques como el Gallardo, el San Carlos o el Príncipe de Asturias.

  • Cabo San Vicente (1797): A bordo del San Nicolás de Bari, abordado por la tropa del Comodoro Nelson, Martín Álvarez rehusó rendir el pabellón. Solo en la toldilla, atravesó de un sablazo al sargento mayor Norris y peleó a mosquetazos hasta caer desmayado por sus heridas. Al darlo por muerto, los británicos se disponían a lanzarlo al mar amarrado a una bala de cañón, pero Nelson, admirado por su bravura, ordenó que lo envolvieran en la bandera que tan fieramente había defendido. Fue en ese instante cuando advirtieron que aún respiraba, evacuándolo de urgencia al hospital de Lagos (Portugal) para curarlo.

  • Reconocimiento y muerte: Tras aprender a leer y escribir en meses para ascender a cabo, se le concedió una pensión vitalicia por Decreto Real. Estando destinado en Brest a bordo del Concepción, una desafortunada caída por la escala le dañó un pulmón, derivando en tuberculosis. Falleció en el hospital de Brest el 23 de febrero de 1801, con 35 años.


Parque donde está ubicado el Monolito a Martin Álvarez Galán

Monolito dedicado a
Martin Álvarez Galán

Pie del Monolito


Un legado inmortal

El recuerdo de Martín Álvarez quedó sellado en la historia naval española. Por Real Orden de 1848 se dispuso que permanentemente un buque de la Armada llevara su nombre, una honra que ha perdurado a través de diferentes épocas y tipologías de navíos:

1 - Buques de la Armada Española «Martín Álvarez»:

  • Goleta «Dolorcitas» (1849-1850): De 7 cañones, primera unidad en ser nombrada Martín Álvarez; naufragó en la costa de Burdeos.
  • Falucho Guardacostas de 1.ª clase: Asignado a labores de vigilancia marítima.
  • Cañonero de hélice de 207 toneladas (1871-1876): Construido en La Habana para el servicio naval en Cuba.
  • Cañonero de hélice de 173 toneladas (1878-1882): Destinado al servicio en las Filipinas.
  • Buque de desembarco L-12 (1971-1995): Botado originalmente en EE. UU. en 1954 como USS Wexford County (LST-1168) y entregado a la Armada Española en San Diego (California) en 1971.

2 - Honores permanentes: Su nombre figuró de forma constante en la nómina de la 1.ª Compañía, 1.er Batallón del 1.er Regimiento.

3 - Reconocimiento del rival: En Gibraltar se colocó un cañón en su honor y su sable terminó expuesto en el Museo Naval de Londres.


Sable expuesto en el Museo
Naval de Londres (foto de aquí)


Hace unos años. El gran pintor Augusto Ferrer Dalmau, pintó un cuadro reflejando el momento donde Martín, sólo con su sable y su valor defiende la bandera frente a los ingleses que han abordado el barco. El cuadro se titula "Mi bandera".

El Gobierno de Extremadura lo ha donado a la Infantería de Marina española. La obra refleja la gesta del granadero Martín Álvarez Galán.


óleo "Mi bandera", de Augusto Ferrer Dalmau
Museo Naval de Madrid


Contemplar el monolito en Montemolín, forjado con bronce de cañones donados por la Comandancia de Marina de San Fernando, nos recuerda la vigencia de tres principios universales: disciplina, honradez y valor.

Para saber más:

Si queréis profundizar en la hazaña de nuestro héroe desde la pluma de un maestro de la narrativa histórica, os recomiendo leer el artículo que Arturo Pérez-Reverte le dedicó en 2012: El sable y el granadero ---> aquí

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