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sábado, 26 de agosto de 2023

El afilador, supersticiones

El 11-9-2019 escribí en el blog sobre el afilador pues ese día pasó por Bodonal, y curiosamente esa entrada del blog es de las más populares (en concreto la segunda más visitada de todo lo por mí publicado, con un total de 6.169 visitas a día de hoy). De hecho si pones en el buscador de Google = el afilador, supersticiones, mi publicación aparece hoy en segundo lugar de los resultados de la búsqueda.

Ayer nuevamente pasó por Bodonal un afilador, que ahora (como en 2019) muy modernizado, se desplaza en coche, y el sonido de la flauta es grabado, y puesto en un altavoz.

El afilador suele ser un comerciante ambulante, que ofrece sus servicios de afilar cuchillos, tijeras navajas y otros instrumentos de corte. ​En España, ya es historia la imagen del artesano recorriendo las calles del pueblo o la ciudad anunciando su paso con el "pito del afilador" o "chiflo", con su breve melodía haciendo sonar las notas de su escala tonal, de graves a agudas y viceversa, como una escalerilla musical.​ En el pasado, los afiladores solían ser también reparadores de paraguas.



Ayer em Bodonal

Precio del afilado:
Cuchillos 3,5 €
Tijetas 4,0 €


"¡El afiladooooor..!" hace unas décadas estas dos palabras se escuchaban, junto a un característico sonido, en las calles de toda España. Las profesiones y los trabajos, sin embargo, cambian y se adecuan en función de las necesidades del mercado. La tecnología, la competitividad y la falta de tiempo hacen que la mayoría de los trabajos que requieren un esfuerzo manual sean reemplazados por la industria, por lo que ante este vertiginoso ritmo, el afilador ha desaparecido casi por completo de las ciudades. Su característica melodía suena ya a nostalgia, ya que no existe generación de relevo que pueda continuar el oficio de los afiladores que, paulatinamente, van llegando a la edad de la jubilación.


El afilador, óleo sobre lienzo pintado sobre 1790 por Goya

Monumento al afilador, Nogueira de Ramuin (Orense)


Subido a lomos de una moto o una bicicleta a las que se acopla la rueda de afilar, el pedaleo del afilador provoca que ésta gire para realizar el acerado de tijeras o cuchillos. Pero además de trabajar a domicilio, desde mediados del siglo pasado estos afiladores ambulantes se hicieron también sedentarios y realizan su oficio dentro de los mercados en los que, aparte de afilar, venden las herramientas relacionadas con su trabajo, una manera de sobrevivir y adaptarse a los cambios.




Supersticiones sobre el Afilador

Superstición: Creencia que no tiene fundamento racional y que consiste en atribuir carácter mágico o sobrenatural a determinados sucesos o en pensar que determinados hechos proporcionan buena o mala suerte.

En algunos pueblos mientras que suene la música del afilador se ponen un trapo negro en la cabeza, pues según las personas mayores da muy buena suerte.

En otros lugares, al paso del afilador la gente se sacudía la ropa para tirar la mala suerte.

Y en otros sitios, se dice que la presencia del afilador trae la lluvia, quizás porque la mayoría de ellos provenían del Norte.

También en otros pueblos, cuando se escucha la flauta de un humilde afilador que va por la calle ofreciendo sus servicios, acostumbran quedarse parados hasta que el sonido se aleja por la calle.

Muchos presagios han cambiado su sentido al paso de Europa a América; uno de ellos, es el augurio de el afilador. Por ejemplo en México, el sonido de la flauta da una íntima alegría en las amas de casa, pues creen que es anuncio de buenos augurios y responden al sonido haciendo cruces o sacudiéndose la bastilla de los vestidos. ¡El afilador viene, y con él, la buena fortuna...!

¿A qué se debe que se consideraba – se considera todavía- de mala suerte escuchar esta música? Muy probablemente, a la memoria desagradable de la presencia de gitanos en el pueblo.

Antiguamente los gitanos llegaban y acampaban por las orillas del poblado y paseaban por las calles ofreciendo sus servicios como soldadores, barberos, peluqueros, panaderos, costureras, adivinos, así como afiladores de tijeras, cuchillos, machetes y otras herramientas. Eran –o son todavía- hombres que, errantes por tradición, van por pueblos y ciudades en busca de la vida. Nada del otro mundo. Pero es tradición también que muchas veces explotaban la superstición de la gente y al adivinar la suerte por las líneas de la mano o la baraja española, las buenas gentes crédulas fueran despojadas de artículos valiosos o dinero; y se corrió la mala fama de que tras la partida de los gitanos, desaparecían animales de los corrales y hasta niños.

Augurios y presagios populares que duermen en lo profundo del espíritu de los pueblos. Supersticiones y creencias muy arraigadas por las que podemos asomar al alma de los pueblos.

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Unos refranes sobre el afilador
  • Tienes más hambre que el perro del afilador, que se comía las chispas para comer caliente.
  • Afilar el rabo del gato, es de mentecato
  • Más vale ser afilador, que labrador

Una cita literaria

Como cita literaria del oficio de afilador, puede servir este breve párrafo del segundo volumen de los Episodios Nacionales de Galdós, en el que el amolador madrileño Pacorro Chinitas, comparte con el protagonista, un jovencísimo Gabriel Araceli, algunas reflexiones sobre un acontecimiento histórico concreto como fue el de la Invasión Francesa. Dice así Galdós, por boca de su personaje:
​
"Mira Gabrielillo -dijo incorporándose y apartando de la rueda las tijeras, con lo cual cesaron por un momento las chispas-; tú y yo somos unos brutos que no entendemos palotada de cosas mayores. Pero ven acá: yo estoy en que todos esos señores que se alegran porque han entrado los franceses, no saben lo que se pescan, y pronto vas a ver cómo les sale la criada respondona. ¿No piensas tú lo mismo?"

martes, 9 de agosto de 2022

El afilador, supersticiones

El pasado 4-8 publiqué en el blog una entrada titulada "Campanas y tormentas, entre la superstición y la religión - Bodonal" (ver aquí).

Hoy vamos a tratar sobre otra superstición, en este caso relacionada con el afilador.

El 11-9-2019 escribí en el blog sobre el afilador pues ese día pasó por Bodonal, y curiosamente esa entrada del blog es de las más populares (en concreto la tercera más visitada de todo lo publicado con un total de 3.380 visitas a día de hoy). De hecho si pones en el buscador de Google = el afilador, supersticiones, mi publicación aparece en segundo lugar de los resultados de la búsqueda.

Hoy nuevamente ha pasado por Bodonal un afilador, que ahora (como en 2019) muy modernizado, se desplaza en un coche, y el sonido de la flauta es grabado, y puesto en un altavoz.

El afilador suele ser un comerciante ambulante, que ofrece sus servicios de afilar cuchillos, tijeras navajas y otros instrumentos de corte. ​En España, ya es historia la imagen del artesano recorriendo las calles del pueblo o la ciudad anunciando su paso con el "pito del afilador" con su breve melodía haciendo sonar las notas de su escala tonal, de graves a agudas y viceversa, como una escalerilla musical.​ En el pasado, los afiladores solían ser también reparadores de paraguas.


coche del afilador (Bodonal 2019)


"¡El afiladooooor..!" hace unas décadas estas dos palabras se escuchaban, junto a un característico sonido, en las calles de toda España. Las profesiones y los trabajos, sin embargo, cambian y se adecuan en función de las necesidades del mercado. La tecnología, la competitividad y la falta de tiempo hacen que la mayoría de los trabajos que requieren un esfuerzo manual sean reemplazados por la industria, por lo que ante este vertiginoso ritmo, el afilador ha desaparecido casi por completo de las ciudades. Su característica melodía suena ya a nostalgia, ya que no existe generación de relevo que pueda continuar el oficio de los afiladores que, paulatinamente, van llegando a la edad de la jubilación.


El afilador, óleo sobre lienzo pintado sobre 1790 por Goya

Monumento al afilador, Nogueira de Ramuin (Orense)


Subido a lomos de una moto o una bicicleta a las que se acopla la rueda de afilar, el pedaleo del afilador provoca que ésta gire para realizar el acerado de tijeras o cuchillos. Pero además de trabajar a domicilio, desde mediados del siglo pasado estos afiladores ambulantes se hicieron también sedentarios y realizan su oficio dentro de los mercados en los que, aparte de afilar, venden las herramientas relacionadas con su trabajo, una manera de sobrevivir y adaptarse a los cambios.




Supersticiones sobre el Afilador

Superstición: Creencia que no tiene fundamento racional y que consiste en atribuir carácter mágico o sobrenatural a determinados sucesos o en pensar que determinados hechos proporcionan buena o mala suerte.

En algunos pueblos mientras que suene la música del afilador se ponen un trapo negro en la cabeza, pues según las personas mayores da muy buena suerte.

En otros lugares, al paso del afilador la gente se sacudía la ropa para tirar la mala suerte.

Y en otros sitios, se dice que la presencia del afilador trae la lluvia, quizás porque la mayoría de ellos provenían del Norte.

También en otros pueblos, cuando se escucha la flauta de un humilde afilador que va por la calle ofreciendo sus servicios, acostumbran quedarse parados hasta que el sonido se aleja por la calle.

Muchos presagios han cambiado su sentido al paso de Europa a América; uno de ellos, es el augurio de el afilador. Por ejemplo en México, el sonido de la flauta da una íntima alegría en las amas de casa, pues creen que es anuncio de buenos augurios y responden al sonido haciendo cruces o sacudiéndose la bastilla de los vestidos. ¡El afilador viene, y con él, la buena fortuna...!

¿A qué se debe que se consideraba – se considera todavía- de mala suerte escuchar esta música? Muy probablemente, a la memoria desagradable de la presencia de gitanos en el pueblo.

Antiguamente los gitanos llegaban y acampaban por las orillas del poblado y paseaban por las calles ofreciendo sus servicios como soldadores, barberos, peluqueros, panaderos, costureras, adivinos, así como afiladores de tijeras, cuchillos, machetes y otras herramientas. Eran –o son todavía- hombres que, errantes por tradición, van por pueblos y ciudades en busca de la vida. Nada del otro mundo. Pero es tradición también que muchas veces explotaban la superstición de la gente y al adivinar la suerte por las líneas de la mano o la baraja española, las buenas gentes crédulas fueran despojadas de artículos valiosos o dinero; y se corrió la mala fama de que tras la partida de los gitanos, desaparecían animales de los corrales y hasta niños.

Augurios y presagios populares que duermen en lo profundo del espíritu de los pueblos. Supersticiones y creencias muy arraigadas por las que podemos asomar al alma de los pueblos.

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Como cita literaria del oficio de afilador, puede servir este breve párrafo del segundo volumen de los Episodios Nacionales de Galdós, en el que el amolador madrileño Pacorro Chinitas, comparte con el protagonista, un jovencísimo Gabriel Araceli, algunas reflexiones sobre un acontecimiento histórico concreto como fue el de la Invasión Francesa. Dice así Galdós, por boca de su personaje:
​
"Mira Gabrielillo -dijo incorporándose y apartando de la rueda las tijeras, con lo cual cesaron por un momento las chispas-; tú y yo somos unos brutos que no entendemos palotada de cosas mayores. Pero ven acá: yo estoy en que todos esos señores que se alegran porque han entrado los franceses, no saben lo que se pescan, y pronto vas a ver cómo les sale la criada respondona. ¿No piensas tú lo mismo?"

domingo, 9 de mayo de 2021

24 años de la beatificación de Ceferino Giménez "El Pelé", que tiene un altar dedicado en la Iglesia de la Concepción, Badajoz

Ahora hace 24 años (4-5-1997) que  el Papa Juan Pablo II beatificó a Ceferino Giménez "El Pelé", siendo el primer gitano que subió a los altares.

Ceferino Giménez Malla, conocido como El Pelé, (Benavent de Lérida (Lérida), 24 de agosto de 1861 - Barbastro (Huesca), 9 de agosto de 1936) fue un laico español de etnia gitana perteneciente a la Tercera orden de San Francisco.

Antes de su conversión, Ceferino era tratante de caballos y artesano de cestería. Hombre de profundas convicciones religiosas, ingresó como laico en la Orden Franciscana Seglar en 1902 y se casó con su prima hermana Teresa Giménez. Llevó fama de caritativo y piadoso, y participaba en catequesis de niños y asistencia a enfermos y pobres.


«El Pelé» en palabras de Juan Pablo II
(De L´Osservatore Romano, ed. esp., 9-V-97)


«A vosotros os llamo amigos» (Jn 15,15). También en Barbastro el gitano Ceferino Giménez Malla, conocido como «el Pelé», murió por la fe en la que había vivido. Su vida muestra cómo Cristo está presente en los diversos pueblos y razas y que todos están llamados a la santidad, la cual se alcanza guardando sus mandamientos y permaneciendo en su amor (cf. Jn 15,11). El Pelé fue generoso y acogedor con los pobres, aun siendo él mismo pobre; honesto en su actividad; fiel a su pueblo y a su raza calé; dotado de una inteligencia natural extraordinaria y del don de consejo. Fue, sobre todo, un hombre de profundas creencias religiosas.

La frecuente participación en la santa misa, la devoción a la Virgen María con el rezo del rosario, la pertenencia a diversas asociaciones católicas le ayudaron a amar a Dios y al prójimo con entereza. Así, aun a riesgo de la propia vida, no dudó en defender a un sacerdote que iba a ser arrestado, por lo que le llevaron a la cárcel, donde no abandonó nunca la oración, siendo después fusilado mientras estrechaba el rosario en sus manos. El beato Ceferino Giménez Malla supo sembrar concordia y solidaridad entre los suyos, mediando también en los conflictos que a veces empañan las relaciones entre payos y gitanos, demostrando que la caridad de Cristo no conoce límites de razas ni culturas. Hoy «el Pelé» intercede por todos ante el Padre común, y la Iglesia lo propone como modelo a seguir y muestra significativa de la universal vocación a la santidad, especialmente para los gitanos, que tienen con él estrechos vínculos culturales y étnicos. (De la homilía de la misa de beatificación).

Santoral 4 de Mayo

Silvano y Ciríaco presbíteros; Venerio, Sacerdote y Godoberto obispos; Antonio, Antonina, Porfirio y Paulino mártires; Pelagia virgen; Curcódomo diácono; Florián confesor; Nicéforo fundador; Ceferino (El Pelé) y Juan Martín Moye, fundador de los hermanos de la Providencia de Gao, mártires; José María Rubio jesuita.

En Badajoz, en la Iglesia de la Concepción, Ceferino Giménez "El Pelé" tiene dedicado un altar.


interior de la Iglesia de la Concepción- Badajoz


Altar en la Iglesia de la Concepción dedicado a "El Pelé


Nota: En Marzo de 2017 La Iglesia beatifica por primera vez a una mujer gitana, Emilia la Canastera. La primera gitana mártir en todo el mundo.

Emilia la Canastera pasará a la historia como la primera mujer gitana declarada mártir en todo el mundo. Emilia Fernández Rodríguez nació en 1914 en Tíjola (Almería) y se crió en sus humildes cuevas, donde no aprendió a leer ni a escribir, aunque sus padres le enseñaron el arte de hacer canastas, que vendía para poder subsistir. Tras casarse con un hombre de su etnia por el ceremonial gitano, su marido fue llamado a filas por el bando republicano, a lo que el matrimonio se negó, por lo que ambos fueron detenidos. Ella ingresó en la cárcel almeriense de Gachas Colorás, y fue condenada a seis años de prisión. En la cárcel, ya embarazada, pidió a sus catequistas que le enseñaran a rezar, y cuando le pidieron que delatara a quienes lo habían hecho, se negó a hacerlo, por lo que fue aislada y abandonada en una celda, donde, sobre un jergón de esparto, desatendida, parió una niña, que su catequista bautizó con el nombre de Ángela. La falta de cuidados tras el parto la llevaron finalmente a la muerte, sin denunciar a quien le había enseñado a rezar el rosario. Fue enterrada en una fosa común del cementerio de Almería, aunque sus restos no han podido ser identificados.

Los gitanos en España

En España se cree que llegaron hacia 1415, dispersándose y viajando después por todo el país. Las relaciones entre la población local y los gitanos fueron en general buenas durante el siglo XV. Sin embargo, a partir de 1469, con la llegada al trono de los Reyes Católicos, la situación cambió radicalmente, presumiblemente a causa de la búsqueda de la homogeneidad cultural en España..Las autoridades dieron a los gitanos un plazo de dos meses para que tomaran un domicilio fijo, adoptaran un oficio y abandonasen su forma de vestir, sus costumbres y su idioma, so pena de expulsión o esclavitud. Se buscaba la unificación de los súbditos en toda la Península, siendo el ideal al alcanzar la centralización del poder político, la existencia de una única religión, una única lengua, una única cultura y, por consiguiente, una única manera de ser. De tal manera, Las Cortes de Castilla de 1594 emitieron un mandato tendiente a separar a los «gitanos de las gitanas, a fin de obtener la extinción de la raza» vaticinando la política de las prácticas de esterilización que seguirían otros monarcas europeos de la Edad Moderna.

En 1633, una pragmática negó a los gitanos el carácter de nación y prohibió incluso el uso del término gitano en el reino.

Un acontecimiento hoy casi olvidado y escasamente estudiado por los historiadores ha sido La Gran Redada de 1749, también conocida como Prisión general de Gitanos, una operación autorizada por el Rey de España, Fernando VI, y organizada por el Consejo de Castilla a través de su presidente Vázquez de Tablada y del marqués de la Ensenada, que se inició de manera sorpresiva y sincronizada en todo el territorio español el miércoles 31 de agosto de 1749, con el objetivo inicial de arrestarlos y expulsarlos de los territorios peninsulares, medida que se desestimó finalmente, adoptándose el proyecto encaminado a extinguir la etnia gitana a través de separar físicamente hombres y mujeres, dándoles destinos útiles en los que emplearlos, en un encierro que había de durar hasta el fin de sus días. Las mujeres quedarían recluidas en casas de misericordia como la de Nuestra Señora de Gracia de Zaragoza , en tanto los hombres lo serían en los arsenales, hasta que finalmente fueron puestos en libertad en junio de 1765, los gitanos supervivientes que se hallaban aún retenidos en estos complejos militares.

La discriminación legal hacia los gitanos, puede observarse en pleno siglo XX, más precisamente en los artículos 4 y 5 del Reglamento de la Guardia Civil de 1943, donde se especifica que los gitanos debían ser vigilados de forma especial. Hacia 1960 la Iglesia católica anuncia comprometerse con la mejora de las condiciones de vida de la población gitana y pone en marcha iniciativas como el Secretariado Gitano de Barcelona, que durante la democracia serán continuadas por el movimiento asociativo gitano.

miércoles, 11 de septiembre de 2019

El afilador, supersticiones

Hoy ha pasado por Bodonal "El afilador", que ahora muy modernizado, se desplaza en un Citroen Berlingo, y el sonido de la flauta es grabado, y puesto en un altavoz.

El afilador suele ser un comerciante ambulante, que ofrece sus servicios de afilar cuchillos, tijeras navajas y otros instrumentos de corte. ​ En España, ya es historia la imagen del artesano recorriendo las calles del pueblo o la ciudad anunciando su paso con el "pito del afilador" con su breve melodía haciendo sonar las notas de su escala tonal, de graves a agudas y viceversa, como una escalerilla musical.​ En el pasado, los afiladores solían ser también reparadores de paraguas.


vehículo que utiliza El afilador (Bodonal 11-9-2019)


"¡El afiladooooor..!" hace unas décadas estas dos palabras se escuchaban, junto a un característico sonido, en las calles de toda España. Las profesiones y los trabajos, sin embargo, cambian y se adecuan en función de las necesidades del mercado. La tecnología, la competitividad y la falta de tiempo hacen que la mayoría de los trabajos que requieren un esfuerzo manual sean reemplazados por la industria, por lo que ante este vertiginoso ritmo, el afilador ha desaparecido casi por completo de las ciudades. Su característica melodía suena ya a nostalgia, ya que no existe generación de relevo que pueda continuar el oficio de los afiladores que, paulatinamente, van llegando a la edad de la jubilación.


El afilador, óleo sobre lienzo pintado sobre 1790 por Goya
 
Monumento al afilador, Nogueira de Ramuin (Orense)

 
Subido a lomos de una moto o una bicicleta a las que se acopla la rueda de afilar, el pedaleo del afilador provoca que ésta gire para realizar el acerado de tijeras o cuchillos. Pero además de trabajar a domicilio, desde mediados del siglo pasado estos afiladores ambulantes se hicieron también sedentarios y realizan su oficio dentro de los mercados en los que, aparte de afilar, venden las herramientas relacionadas con su trabajo, una manera de sobrevivir y adaptarse a los cambios.




Supersticiones sobre el Afilador:

Superstición: Creencia que no tiene fundamento racional y que consiste en atribuir carácter mágico o sobrenatural a determinados sucesos o en pensar que determinados hechos proporcionan buena o mala suerte.

En algunos pueblos mientras que suene la música del afilador se ponen un trapo negro en la cabeza, pues según las personas mayores da muy buena suerte.

En otros lugares, al paso del afilador la gente se sacudía la ropa para tirar la mala suerte.

Y en otros sitios, se dice que la presencia del afilador trae la lluvia, quizás porque la mayoría de ellos provenian del Norte.

También en otros pueblos, cuando se escucha la flauta de un humilde afilador que va por la calle ofreciendo sus servicios, acostumbran quedarse parados hasta que el sonido se aleja por la calle.

Muchos presagios han cambiado su sentido al paso de Europa a América; uno de ellos, es el augurio de el afilador. Por ejemplo en México, el sonido de la flauta da una íntima alegría en las amas de casa, pues creen que es anuncio de buenos augurios y responden al sonido haciendo cruces o sacudiéndose la bastilla de los vestidos. ¡El afilador viene, y con él, la buena fortuna...!

¿A qué se debe que se consideraba – se considera todavía- de mala suerte escuchar esta música? Muy probablemente, a la memoria desagradable de la presencia de gitanos en el pueblo. 

Antiguamente los gitanos llegaban y acampaban por las orillas del poblado y paseaban por las calles ofreciendo sus servicios como soldadores, barberos, peluqueros, panaderos, costureras, adivinos, así como afiladores de tijeras, cuchillos, machetes y otras herramientas. Eran –o son todavía- hombres que, errantes por tradición, van por pueblos y ciudades en busca de la vida. Nada del otro mundo. Pero es tradición también que muchas veces explotaban la superstición de la gente y al adivinar la suerte por las líneas de la mano o la baraja española, las buenas gentes crédulas fueran despojadas de artículos valiosos o dinero; y se corrió la mala fama de que tras la partida de los gitanos, desaparecían animales de los corrales y hasta niños.

Augurios y presagios populares que duermen en lo profundo del espíritu de los pueblos. Supersticiones y creencias muy arraigadas por las que podemos asomar al alma de los pueblos. 

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Como cita literaria del oficio de afilador, puede servir este breve párrafo del segundo volumen de los Episodios Nacionales de Galdós, en el que el amolador madrileño Pacorro Chinitas, comparte con el protagonista, un jovencísimo Gabriel Araceli, algunas reflexiones sobre un acontecimiento histórico concreto como fue el de la Invasión Francesa. Dice así Galdós, por boca de su personaje:
​
"Mira Gabrielillo -dijo incorporándose y apartando de la rueda las tijeras, con lo cual cesaron por un momento las chispas-; tú y yo somos unos brutos que no entendemos palotada de cosas mayores. Pero ven acá: yo estoy en que todos esos señores que se alegran porque han entrado los franceses, no saben lo que se pescan, y pronto vas a ver cómo les sale la criada respondona. ¿No piensas tú lo mismo?"