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sábado, 26 de septiembre de 2026

El veranillo del membrillo o veranillo de San Miguel: cuando el verano sencillamente no se quiere ir

Revisando estos días el archivo del blog, me he reencontrado con la entrada que publiqué a finales de septiembre de 2017 sobre este mismo tema. Por aquel entonces empezaba diciendo exactamente lo mismo que se me viene a la cabeza hoy: «Este año no es que haya llegado el veranillo del membrillo, es que no se ha ido el verano...».


Membrillos


Resulta curioso —y un tanto inquietante— ver cómo la historia se repite casi al milímetro. Volvemos a encadenar un mes de septiembre con temperaturas desmedidas, donde hablar de un simple «veranillo» se queda muy corto porque el calor no ha dado tregua en ningún momento.

Aquella entrada de 2017 se centraba en el episodio que marca el calendario popular hacia el 29 de septiembre (San Miguel, San Gabriel y San Rafael), pero la tradición contempla más de un repunte de calor a lo largo de la estación:


San Miguel
Igreja Das Dominicas - Elvas

  • El Veranillo de San Miguel o del Membrillo: Ese clásico repunte de temperaturas de finales de septiembre, coincidiendo con la época de maduración del membrillo en nuestros campos.

  • El Veranillo de San Martín: Ese otro episodio de calor poco habitual sobre el que escribía por aquí en noviembre de 2015 (a propósito del 11 de noviembre), cuando tras las primeras borrascas del otoño el anticiclón vuelve a asentarse y a frenar los frentes fríos, trayendo días sorprendentemente veraniegos en pleno noviembre.


La teoría nos dice que todos estos «veranillos» deben ser breves pausas, repuntes puntuales de unos días antes de retomar la bajada lógica del termómetro. Sin embargo, cuando el calor de septiembre engarza casi sin solución de continuidad con los meses siguientes, la excepción amenaza con convertirse en costumbre.


San Miguel y el «Año Nuevo» de la economía rural

La elección de esta fecha en el calendario popular no es una casualidad. En la Europa medieval e histórica —desde los fueros de nuestras tierras hasta la tradicional Michaelmas de la cultura anglosajona— el 29 de septiembre funcionaba como un verdadero "Año Nuevo" para la economía del campo.

Al coincidir con el momento en que las labores de cosecha habían concluido incluso en las zonas más frías, la ley y la costumbre convirtieron este día en el plazo clave para:

  • Saldar deudas y rentas: Era la fecha límite para pagar tributos señoriales y diezmos, cancelar los préstamos o empeños de tierras del año y renovar las cartas de arriendo de fincas e inmuebles.
  • Marcar los tiempos agrícolas: Los fueros locales prohibían antes de San Miguel la recogida de ciertos frutos, dando a partir de esta fecha la señal oficial para iniciar la vendimia o la recogida de la castaña.
  • La regulación del ganado: Marcaba el inicio del libre tránsito de pastos tras la recolección y el arranque de las grandes rutas de la trashumancia para bajar las reses a las dehesas.

En definitiva, aquel «calorcillo de miel» de finales de septiembre no era un simple capricho del tiempo, sino la ventana perfecta que ofrecía la naturaleza para cerrar tratos al raso y rematar la recolección antes de la llegada del frío.

Por ahora, solo queda esperar a que el otoño decida hacer su entrada de verdad y nos traiga esa bajada de temperaturas que el campo y los paisajes de por aquí están pidiendo a gritos.


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