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domingo, 26 de abril de 2026

Pangea Elephant Sanctuary: Entre Alandroal y Vila Viçosa (Portugal)

— Crónica de una visita sin cámara —

Quienes seguís este blog sabéis que mi instinto natural es llevarme el ojo a la cámara. De hecho, el nombre de este rincón, "No le digas a mi madre que estoy haciendo fotos", nació de esa necesidad de capturarlo todo.

Pero el pasado 24 de abril viví algo inaudito. Tras inscribirme días antes en el programa de Pangea Trust, tuve la suerte de ser uno de los seleccionados para visitar el futuro Pangea Elephant Sanctuary. Crucé la raya hacia el Alentejo portugués (a unos 65 km de Badajoz) y, por primera vez en mucho tiempo, mi cámara tuvo que quedarse muda.





El paisaje: Una dehesa que habla alentejano

El punto de encuentro fue la Plaza de la República en Alandroal. Desde allí nos dirigimos a la finca donde se está levantando el que será el primer gran santuario de elefantes de Europa. Estamos hablando de un espacio de unas 400 hectáreas de pura dehesa, un terreno vasto diseñado para albergar finalmente a unos 50 elefantes.

Al llegar, me golpeó el color: un verde exuberante y casi irreal, muy distinto al tono que solemos ver por aquí. Aunque el terreno me resultaba familiar por compartir el ADN de nuestras encinas y alcornoques, aquel paisaje parecía haberse puesto sus mejores galas para recibir a sus futuros inquilinos.


Ubicación - Fuente Google Maps

Camino de Pangea



Grupo de invitados


El esqueleto de un gigante (Lo que mis ojos vieron)

Una vez dentro de la finca, la política es clara: prohibido tomar fotografías. Las instalaciones están en pleno desarrollo y la seguridad es la prioridad absoluta. Como aficionado a la fotografía, es una sensación extraña tener que "disparar" solo con la retina, pero el respeto por el futuro hogar de Kariba está por encima de cualquier publicación. Para quienes no la conozcáis, Kariba es la elefanta que pronto cambiará su vida en el zoo por este horizonte de encinas; saber que estas estructuras se están levantando para su bienestar es motivo suficiente para guardar la cámara.

Lo que vi tras el vallado es impresionante. Olvidaos de los cercados ganaderos comunes; he caminado cerca de lo que será el refugio principal, una mole de ingeniería en su fase final de construcción. Ver las estructuras de acero alzándose entre el arbolado impacta: es metal diseñado para resistir toneladas de fuerza, pero con la delicadeza técnica necesaria para buscar la máxima comodidad de los elefantes.

Una reflexión final

Me voy de Alandroal con la tarjeta de memoria prácticamente vacía, pero con la sensación de haber sido testigo de un momento histórico. Estar allí, pisando la tierra antes de que se llene de las huellas gigantes de los primeros habitantes, ha sido un privilegio.

Este santuario no es un zoo; es un retiro de paz para animales que han pasado su vida en cautividad. Doy por bien empleada la visita solo por haber conocido de cerca la magnitud de este proyecto. Pronto, cuando ellos lleguen, el silencio del Alentejo cambiará para siempre, y espero estar allí para contároslo.

Para más información:

https://www.pangeatrust.org/es/


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