Mi lista de blogs

Mostrando entradas con la etiqueta Penha Garcia. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Penha Garcia. Mostrar todas las entradas

domingo, 11 de octubre de 2026

De los mares helados de Monfragüe a las barreras de coral de la Sierra de Cabrera (Los Santos de Maimona)

Al terminar de redactar la última entrada del blog sobre Monfragüe (ver aquí) y recordar las huellas de trilobites (Cruziana) que fotografié en los desfiladeros de Penha Garcia (aquí), no pude evitar pensar en una de esas paradojas que tanto me gusta explorar últimamente en el blog: la paradoja del "Libro de Piedra".

La piedra siempre nos transmite una falsa sensación de inmovilidad, silencio y eternidad; tendemos a pensar en la roca como algo estático. Y, sin embargo, es el archivo más dinámico y cambiante que posee la Tierra. La verdadera paradoja es que el tiempo —ese agente que todo lo destruye, borra y desgasta— es el mismo que se ha encargado de encuadernar las páginas de la historia de nuestro planeta sobre la dura superficie de los minerales.

Releyendo los estratos de nuestra región, me vino a la memoria otro capítulo imprescindible de este libro: la Sierra de Cabrera y la cuenca carbonífera de Los Santos de Maimona. Resulta fascinante comprobar cómo, al cruzar Extremadura, no solo viajamos en la geografía, sino que ojeamos páginas separadas por cientos de millones de años. Si en Monfragüe y Penha Garcia leemos los capítulos de un mar frío del Ordovícico (hace unos 485 millones de años), en la Sierra de Cabrera saltamos hacia un escenario completamente distinto: un mar tropical del Carbonífero (hace unos 350 millones de años).



Un viaje de 135 millones de años y miles de kilómetros

A primera vista, ambos parajes comparten el protagonismo de las rocas y el valor de sus yacimientos paleontológicos, pero cuentan historias muy diferentes:

  • Monfragüe y Penha Garcia (Zona Centroibérica): En aquel lejano Ordovícico Inferior, lo que hoy es nuestra tierra se encontraba cerca del Polo Sur. Era un fondo marino sombrío y helado, donde las corrientes acumularon grandes depósitos de arena que más tarde la orogenia convirtió en la durísima Cuarcita Armoricana. Allí no había corales ni peces complejos, sino trilobites que dejaban sus trazas grabadas en la piedra.


Salto del Gitano - Monfragüe

Portilla del Tiétar - Monfragüe


Penha Garcia (Portugal)

Icnofósil de tipo Cruziana (huellas o pista de actividad de trilobites)
grabados en una roca de cuarciita em Penha Garcia


  • Los Santos de Maimona y la Sierra de Cabrera (Zona de Ossa Morena): Saltando 135 millones de años hacia adelante en la historia del planeta, la deriva continental desplazó esta masa terrestre hasta situarla cerca del Ecuador. El mar helado dio paso a un mar tropical cálido y lleno de vida, donde proliferaron arrecifes de corales coloniales (Siphonodendron), braquiópodos gigantes (Gigantoproductus), e incluso tiburones primitivos cuyos dientes aún afloran en el Cerro de Los Santos.


Sierra de Cabrera - Los Santos de Maimona

Fósiles - Sierra de Cabrera (Los Santos de Maimona)

Fósil de coral colonial (probable coral rugoso o Siphonodendron / Lithostrotion)
incrustado en una roca caliza - Sierra de Cabrera (Los Santos de Maimona)


Dos caras de nuestra historia geológica

Es un contraste maravilloso: pasar de las crestas cuarcíticas esculpidas por el Tajo y el Tiétar a las calizas y pizarras cargadas de vida arrecifal y depósitos de carbón en el sur de Badajoz.

Releer aquel artículo sobre la Sierra de Cabrera (ver aquí) y ponerlo en perspectiva con lo vivido en Monfragüe y Penha Garcia me recuerda la suerte que tenemos en nuestra región. En apenas unas horas de carretera podemos viajar desde los mares polares del Ordovícico hasta las aguas tropicales del Carbonífero, leyendo capítulo a capítulo el inmenso libro de piedra que tenemos bajo los pies.


sábado, 10 de octubre de 2026

Las páginas de piedra de Monfragüe: Del Salto del Gitano al viejo mar de Penha Garcia (Portugal)

Hace unos días regresé a Monfragüe. Invitado por unos amigos para disfrutar de la berrea (ese impresionante bramido con el que los grandes machos adultos defienden su territorio y atraen a las hembras), volví a recorrer el parque nacional que ya conocía de una visita anterior en junio de 2020. El magnetismo de esta época del año nos llamó de nuevo a escuchar ese eco bronco y ancestral de los ciervos resonando entre los valles.







Las fotos que pudimos captar muestran la otra cara de este espectáculo natural. En las imágenes podéis ver a las hembras y a los ciervos jóvenes —tanto gabatos (crías de primer año sin cuernas) como varetos (jóvenes de segundo año con sus primeras varas rectas)— pastando tranquilamente en la dehesa. Son ellos, con su presencia, los que desencadenan el potente canto de los machos dominantes, a los que pudimos escuchar con claridad pero que se mantuvieron esquivos a nuestra cámara.


Cierva adulta

Ciervo joven (vareto)

Ciervo joven sin cuernas (gabato)


Sin embargo, cuando uno levanta la vista y se detiene ante los grandes farallones de roca, es inevitable que el viaje tome otro rumbo. Más allá del espectáculo de la fauna, Monfragüe guarda un secreto milenario escrito en sus riscos.




De Monfragüe (Declarado Parque Nacional en 2007, con una superficie de 18.396 ha.) podríamos hablar de muchísimas cosas: de la perspectiva única desde su Castillo, del histórico Puente del Cardenal, de sus centros de visitantes y el observatorio astronómico, o de la inmensa red de rutas de senderismo para la observación de aves y el disfrute de sus encinares y dehesas. Sin embargo, hoy vamos a centrar la mirada en dos de sus postales más arrebatadoras: el Salto del Gitano y la Portilla del Tiétar. A través de ellas, leeremos las páginas de piedra de este paisaje y descubriremos una conexión secreta que nos lleva directamente hasta Portugal.

El escenario: Páginas de piedra esculpidas por el tiempo

El relieve de Monfragüe no está ahí por casualidad. Las impresionantes crestas que hoy cortan el horizonte son los restos de enormes depósitos de arena acumulados en un fondo marino durante el Ordovícico Inferior, hace la friolera de unos 485 millones de años. Millones de años después, brutales fuerzas tectónicas (la Orogenia Hercínica) plegaron y levantaron aquellos sedimentos, convirtiéndolos en la durísima Cuarcita Armoricana. Los ríos Tajo y Tiétar hicieron el resto, encajándose con paciencia milimétrica sobre las rocas más débilmente consolidadas.


Maqueta didáctica y táctil en el Centro de Visitantes. A la izquierda,
la imponente estructura del Salto del Gitano con el río Tajo encajado;
 a la derecha, los complejos pliegues de la Portilla del Tiétar sobre el río Tiétar.


1. El Salto del Gitano (Peña Falcón): La verticalidad del Tajo

Nuestra primera parada obligatoria es el Salto del Gitano (en plena Ruta Geológica del parque). Contemplar la mole de Peña Falcón impresiona a cualquiera, pero entenderla geológicamente le da otra dimensión.

Aquí nos encontramos ante el flanco invertido del gran sinforme de Monfragüe, donde las capas de cuarcita se alzan a entre 75° y 80° de inclinación: una pared rocosa tan brutalmente levantada por las fuerzas de la tierra que se queda a solo un suspiro de la verticalidad perfecta. Al ser la roca más resistente a la erosión, el río Tajo se vio obligado a abrirse paso de forma feroz a través de este desfiladero.

Y es precisamente sobre este andamio de piedra donde la biología obra su magia: las repisas inaccesibles de la cuarcita se convierten en el hogar perfecto para las colonias de buitres leonados, águilas imperiales, cigüeñas negras o el esquivo búho real.












Paso de la carretera junto al Salto del Gitano


2. La Portilla del Tiétar: El baile caprichoso de la pizarra y la cuarcita

Siguiendo hacia el norte del parque llegamos a la Portilla del Tiétar. Si el Salto del Gitano destaca por su imponente verticalidad, aquí la roca nos enseña su lado más flexible y artístico.

En este punto (conocido por las capas Pochico), la geología combina la cuarcita rígida con la pizarra, que es mucho más blanda y dúctil. Cuando la corteza terrestre se comprimió, ambas rocas reaccionaron de forma totalmente distinta: mientras la cuarcita se fracturaba o resistía, la pizarra se arrugó y adaptó en un fenómeno conocido como pliegues disarmónicos. El resultado visible en la roca es un oleaje de piedra ondulado y fascinante que vigila el curso del río Tiétar, mientras el roquero solitario o el alimoche sobrevuelan el cañón.

















De Monfragüe a Penha Garcia (Portugal): Un mar sin fronteras

Lo más fascinante de este viaje geológico es que la historia que cuentan las rocas de Monfragüe no es exclusiva de este rincón de Extremadura.

Hace unos años visité Penha Garcia, en la vecina Beira Baixa portuguesa (ver aquí), a apenas 120 kilómetros de Monfragüe. Al caminar por sus desfiladeros de cuarcita junto al río Ponsul, me di cuenta de algo extraordinario: estaba pisando exactamente el mismo océano. Las cresterías de Penha Garcia y las de Monfragüe se formaron en el mismo mar primigenio del Ordovícico, hechas de la misma "materia prima" (Cuarcita Armoricana).

La única diferencia es que, mientras en Monfragüe nos asombramos con la violencia de los grandes pliegues tectónicos y los farallones habitados por aves rapaces, en Penha Garcia la tierra nos dejó grabados sus detalles más íntimos en forma de Cruziana (las trazas fósiles de los trilobites que se arrastraban por aquel fondo marino).


Penha Garcia (Portugal)

Penha Garcia (Portugal)

Fósiles en Penha Garcia

Fósiles en Penha Garcia

Conclusión

Viajar a Monfragüe buscando la berrea es un auténtico espectáculo para los sentidos, pero detenerse a mirar sus rocas transforma la visita en un apasionante viaje en el tiempo. Nos recuerda que las imponentes paredes del Salto del Gitano y la Portilla del Tiétar no son solo un refugio de vida salvaje, sino los testigos silenciosos de un pasado marino que une nuestra tierra con Portugal a través de millones de años de historia geológica.


sábado, 6 de julio de 2019

Penha Garcia (Portugal)

Penha Garcia es una freguesia portuguesa del concelho de Idanha-a-Nova, na província da Beira Baixa, região do Centro (Região das Beiras) e sub-região da Beira Interior Sul.  Se encuentra situada en la ladera de una peña de rocas cuarcíticas y rodeado por el río Ponsul, dentro del  Geoparque Naturtejo.





La población se remonta al Neolítico, cuando fue un poblado que surgió por su buena posición defensiva. Hoy en día, sus principales atractivos son las ruinas de su castillo, y una ruta de molinos e icnofósiles o huellas fósiles que demuestran que, hace 500 millones de años, el lugar estuvo cubierto por el gran océano prehistórico y habitado por seres que dejaron estas huellas.

Su riqueza geológica es evidente (Parque Icnológico de Penha Garcia) y los fósiles abundan por toda la zona, tanto que existe un recorrido llamado rota dos fósseis, donde destacan las crucianas, es decir las huellas que trazaron los trilobites sobre el fondo marino hace cientos de millones de años.

También destacar que Penha Garcia es un lugar ideal para practicar la escalada, sobre grandes paredes de piedras escarpadas, y cuyas vías, se encuentran incluidas dentro de las principales del "Roteiro de Escalada da Beira Interior"



Cruziana (ignófosil)
 

Desde los restos del castillo templario, situado en la cima de esta sierra, estribación de la de Malcata, se obtienen excelentes vistas del valle del río Pónsul y de todo un conjunto de molinos perfectamente integrados en el paisaje y aún en funcionamiento, para que los visitantes puedan conocer cómo en otro tiempo se aprovechaba la fuerza del agua en movimiento para moler el cereal.

Al llegar a Penha García, hay que seguir las indicaciones de aparcamiento para dejar el coche y comenzar el recorrido andando; llegaremos a una zona fácilmente reconocible por albergar un memorial a la guerra de ultramar con un tanque de combate.






Cerca está la oficina de turismo, donde os pueden proporcionar un plano con los puntos principales a conocer.

En el mismo edificio se encuentra el Núcleo Museológico São Pedro de Alcântara e Biblioteca Pires de Campos.

Núcleo Museológico São Pedro de Alcântara
 








Núcleo Museológico São Pedro de Alcântara


Continuamos por la travessa da Praça, donde hay una bonita fuente con una imagen de Nuestra Señora de la Concepción, patrona del pueblo; al lado está el horno comunitario.




Después, en la rua do Pelourinho, llegamos al pelourinho, lo que conocemos como rollo de jurisdicción o picota (O Pelourinho, popularmente designado também como Picota, é uma coluna de pedra colocada num lugar público de uma cidade ou vila onde eram punidos e expostos os criminosos).




Pelourinho


Las calles se van volviendo empinadas y nos cuesta llegar hasta la iglesia matriz de Nuestra Señora de la Concepción.


iglesia matriz de Nuestra Señora de la Concepción


Desde aquí ya se puede comenzar la ruta de los icnofósiles o bien subir por unas escaleras de piedra que nos llevarán a las ruinas del castillo. Nosotros optamos por subir al castillo, desde donde se tienen unas bonitas vistas del valle del río Ponsul encajado en paredes rocosas.

Este castillo pudo haberse construido en los siglos XII-XIII, durante la guerra por la posesión de Galicia, sobre una antigua ruina romana que a su vez estuvo sobre un castro lusitano; probablemente, después fue cedido a los templarios y recuperado por la corona portuguesa en el siglo XVI.







Al bajar del castillo, ya iniciamos la ruta para ver los icnofósiles. Se trata de un recorrido circular de 3 kilómetros, por un camino empedrado. Durante la ruta se pueden ver distintas capas geológicas y algunas rocas con los icnofósiles, huellas que parecen serpientes pintadas pero que en realidad son rastros dejados por trilobites al reptar por el fondo marino; corresponden al género llamado Cruziana rugosa.





 
 

 




Al poco tiempo, llegamos a los molinos, que son del tipo rodezno. El primero alberga la casa de los fósiles, en la que hay una pequeña exposición, con paneles explicativos, de icnofósiles y algún fósil de trilobites.











Otros molinos están rehabilitados para ver en su interior los enseres utilizados en la época en la que los molinos funcionaban. En uno de ellos incluso se puede ver la piedra de moler en movimiento.
















Posteriormente nos encontramos con una piscina natural, "Praia Fluvial do Pego", surtida por una pequeña cascada.






Rutas para practicar la escalada en Penha Garcia
 
  






Nota: Fotos tomadas durante mi visita el pasado dia 3-7-2019